Historia
«En la vieja ciudad Quito, cuando las noches eran más oscuras y el miedo se colaba por las rendijas de las viejas casas quiteñas… vivía Mariangula, hija de una mujer que vendía tripas en la TOLA.»
La niña tenía aproximadamente 14 años y vivía con su madre, que vendía “tripa mishqui”. Un plato típico ecuatoriano que consiste en asar lentamente, en un brasero, los intestinos de res.
Cierto día, la madre de Mariangula, pidió a la niña, que vaya a comprar las tripas al mercado y le dio el dinero, 15.000 sucres de la época.
Pero la pequeña, que era muy inquieta, prefirió jugar con sus amigos y además se gastó el dinero de la compra en juegos de maquinitas de una tienda cercana.


Pasaron las horas y la muchacha no recordaba el encargo. Después del juego, cuando todos volvían a sus casas, recordó, pero ya se había acabado el dinero que su madre le había encargado para las compras,
La niña, sabía que su madre, la castigaría por no llevar las tripas y empezó a sentir una gran desesperación. Tan grande era el miedo que tenía al castigo, que mientras caminada se fue hasta el cementerio de San Diego y tuvo una terrible idea.
Ese día hubo un entierro y ella pensó en extraer las tripas del cadáver recién enterrado. Se oculto hasta que todos se vayan, se dirigió a la tumba, y con temor, pero decidida, ejecutó sus planes, saco las tripas y las guardo en una fundita, Después, salió rumbo a su casa.
«Su madre le reclamó, lo mucho que se había demorado y con prisa, preparó las tripas y salió a la calle para la venta.
«.
Jorge Aguilar

FIN DE LA LEYENDA
Para el asombro de Mariangula, esa noche, hubo muy buena venta. La gente que se acercaba a comer, comentaba que estaban muy deliciosas las tripas, y muchos se repetían el platillo.
Cuando volvieron a casa, la niña, pensaba en lo que había hecho y que se salvó de una paliza. Además, creía que a su madre también le había ido muy bien. Pensando, todo esto, se fue a su habitación a dormir. Ya cuando estaba en su cama, empezó a escuchar ruidos extraños, parecías pisadas que se acercaban hacia su habitación.
Los ruidos se hacían cada vez más fuertes y Mariangula, escuchó claramente que alguien decía con una voz de ultratumba decía: Mariangula, devuélveme mis tripas y mi puzún que te robaste de mi santa sepultura»
Esas palabras dejaron paralizada del terror a Mariangula, Cada vez escuchaba que los pasos estaban más cerca de su cama y la voz espeluznante repetía con fuerza: «Marianguuula, dame mis tripas y mi puzún que me robaste de mi santa sepultura».
Muerta de miedo, se metió bajo las cobijas intentando gritar por ayuda, pero no pudo decir ni una palabra. Sintió que unas manos huesudas y frías la tomaban de las piernas y la arrastraban, gritando: » Marianguuula, dame mis tripas y mi puzún que te robaste de mi santa sepultura»
Al día siguiente su madre fue a despertarla, pero, aunque la buscó por todas partes y nunca la pudo encontrar, no se supo jamás de la niña, despareció de la ciudad.

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Bibliografía
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Rodas, G. (2012). Mitos y leyendas del Ecuador: un viaje por la tradición oral. Cuenca: Casa de la Cultura Núcleo del Azuay.